porque nos da miedo,
porque asusta.
Podría ser más realista, y segura, y podría ser mejor.
Y me tengo que conformar.
Y ahora creo que lo hago.
Ya no soy lo que solía ser, y me da igual. Mi «yo» de ahora es la mejor versión de mí. Guste o no, así es. Ahora, después de veinte años, entiendo lo que es querer. Entiendo qué es mirar a alguien a los ojos hasta perderte en ellos, y entiendo qué es no parar de mirar los labios de alguien mientras te muerdes la lengua para no hacer algo de lo que arrepentirte. Y he aprendido qué es el dolor, y he aprendido de todas sus facetas.
Sé qué es confiar
y sé en quién hacerlo.
Ahora sí.
Sé qué es el amor correspondido (y, por desgracia, el no correspondido). Sé qué es intentar contenerte las lágrimas en una despedida y acabar soltándolas todas sin quererlo.
Y también sé qué despedidas se hacen más duras
He aprendido y madurado, ya sea con victorias o derrotas, con amores o desamores, con amigos o enemigos. Y puede que no sea la más responsable, amable, cariñosa, racional, cuerda, sana, deportista, estudiosa, valiente..., pero sé lo que soy, y soy lo que quiero ser.
Y con eso me vale,
No hay comentarios:
Publicar un comentario