¡Bienvenidos!

... y como bien dijo Francisco Umbral: "Escribir es la manera más profunda de leer la vida"...

lunes, 21 de mayo de 2018

ME QUEDO CONTIGO

Me quedo con tus ganas de vivir,
de aprender,
de reír.

Me quedo con tu «yo» más irritante, 
pero también con el más cariñoso. 

Me quedo con tu rapidez para perder los nervios, 
pero también con tu tranquilidad por soltarme después de un abrazo.

Me quedo con tu paciencia, 
pero también con tu impaciencia.

Me quedo con tu pasión por lo que haces, 
pero también con tu curiosidad por lo que todavía no sabes. 

Me quedo con tus nervios, 
pero también con tu calma

Me quedo con tu piel
pero también, y más aún, por lo que hay debajo de ella. 

Me quedo con tus pestañas infinitas repletas de sueños, 
pero también con esos sueños que, en los días grises, consideras inalcanzables.

Me quedo con tu positivismo, 
pero también con tu negatividad, para poder así enfrentarla. Juntos.
 
Me quedo con los días en los que pienses que todo es posible, 
pero también con las veces en las que te des por vencido. 

Me quedo con lo a salvo que me siento entre tus brazos,
y entre tus labios. 

Me quedo con tu capacidad para conseguir todo lo que te propones, 
y lo que no. 

Me quedo con tus abrazos en mitad de un llanto, 
y con tus besos en mitad de una sonrisa (o viceversa). 

Me quedo con la facilidad que tienes para hacerme sentir más viva que nunca, 
pero también con tu habilidad para hacerme morir (de amor)

Me quedo con las veces en las que pensaba que personas como tú no existían, 
pero me quedo, aún más, con las veces en las que me has demostrado todo lo contrario. 

Me quedo con tus susurros, 
pero también con tus subidas de tono. 

Me quedo con saber que me quieres, 
y con saber lo bien que lo haces. 

Me quedo con tu voz, cantando rap o recitando poesía, porque de cualquier forma me corta la respiración.

Me quedo con tu humildad, sinceridad y responsabilidad. 

Me quedo con tu extraña manera de comer pizza, 
y con tu obsesión por la variedad de salsas. 

Me quedo con tus ideologías y principios.

Me quedo con tu sencillez y bondad. 

Me quedo con tu fuerza
y con la que me das a mí. 

Me quedo con tu corazón, 
y con su gran tamaño. 

Me quedo con tus ojos, boca y manos. 

Me quedo con todo tu cuerpo

Me quedo con tus lágrimas y cicatrices. 

Me quedo con los obstáculos que, a veces, tú mismo te pones, 
y me quedo con ellos solo para ayudarte a superarlos. 

Me quedo contigo cuando hablas mucho, 
pero también cuando estás sin palabras. 

Me quedo contigo cuando hacemos el amor, 
pero también cuando lo único que hacemos son trabajos. 

Me quedo con tu sensibilidad para decirme que todo irá bien, 
pero también con tu falta de filtro de vez en cuando. 
 
Me quedo con la conexión que tienen nuestras almas
y con las chispas que provocan nuestras miradas. 

Me quedo con las veces en las que me necesitas, 
pero también con las veces en las que eres lo suficientemente independiente como para hacerlo. 

Me quedo con todos los besos, abrazos, risas, discusiones y desacuerdos, canciones que me recuerdan a ti, tus conciertos en directo, batallas de gallos y concursos de Eurovision, recuerdos fotografiados en la memoria o vídeos, esperanza, confianza, compasión, empatía, distancia (física), fe en el otro, sonrisas de complicidad, compatibilidad, locuras, hilos rojos, monedas de catedrales, demasiada mucha lechuga, miradas, placer, caricias (en la espalda), chocolates con churros, sushi, sábanas pegadas (y muchas despegadas), películas, series por terminar (y por empezar), viajes...

Me quedo con todo eso,
y con todo lo que no he dicho, pero que ya sabes. 

Me quedo con mi suerte al encontrarte,
y con lo afortunada que soy por tenerte. 

Me quedo con todo lo que hacemos bien,
pero también con lo que hacemos mal e intentamos mejorar. 

Me quedo con el amor de mi vida. 
Me quedo con mi vida, que eres tú. 

ME QUEDO CONTIGO.






lunes, 26 de febrero de 2018

SEIS MESES o... mejor dicho, PARA SIEMPRE

El momento en el que admites querer a alguien es también el momento en el que te das cuenta de que tienes mucho que perder. Y aun así, sigues admitiendo lo primero. 
Porque el amor es maravilloso, pero también aterrador. 
Porque el amor es conectar con tu alma, no solo con el de la otra pesona. Y fue, conociéndote a ti, como aprendí a hacer lo primero. 

Hace seis meses compartimos miradas, sonrisas y un viaje a Toledo que en la vida olvidaré. 
Hace seis meses compartimos risas en bares de Zocodover. 
Hace seis meses nuestros besos sabían a cerveza,
y nuestras caricias eran la certeza 
de lo que ahora sé que es pureza.

Hace seis meses contesté con un «sí» a la pregunta que me cambiaría (y que me cambió) la vida. Le dije que sí a un (no tan) desconocido que me invitaba a confiar en él sin apenas conocerme, 
y que me miraba más a los labios que a los ojos. 

No sé si alguien, conociendo a una persona solamente de hace unas semanas, tiene las cosas claras. Pero lo que sí sé es que yo en ese momento las tuve. Porque sabía qué quería. Sabía que con él sí quería. Sabía que le quería. 
Sí, sabía que te quería

Aún me acuerdo del primer «te quiero». El primer te quiero que me dijiste. El primer te quiero que se te escapó inconscientemente en unas de nuestras despedidas acompañando al abrazo más sincero. El primer te quiero de todos los que me han parado el corazón desde entonces.

Todos los días desde ese veintiséis de agosto me levanto y me acuesto siendo consciente de cuánto te necesito

En estos seis meses, he crecido a tu lado como persona, 
he crecido igual —o más— que nuestras ganas,
igual —o más— que nuestro amor. 
(Aunque no creo que esto último sea posible).

Que Toledo contigo se hizo más bonito,
y pensaba que nada ni nadie nunca podría compararse con él. 
Pero es que luego llegó Madrid, y ocurrió exactamente lo mismo. 
Hasta los trenes se atrasaban solamente para dejarnos más tiempo de besos, para dejarnos más margen y viajar a Colombia en cuestión de minutos a comprar aquella empanada, con la que me podía identificar cuando te contemplaba.

Pero es que luego llegó Inglaterra, y se emocionó al escucharte cantar rap por una de sus ciudades; y yo pondría la mano en el fuego a que 
a ella también se le paró la primavera, 
haciéndose creer que el verano 
había llegado de tu mano. 

La primera vez que te vi se paró el tiempo, se paró tu imagen en mi pupila y se silenció la música. En aquel silencio de un segundo, en aquella imagen congelada de una pesona rodeada de caras desenfocadas... estabas tú. Y qué suerte la mía. 
Sí, qué suerte la mía haber tenido aquel primer beso contigo agarrado a mi cintura y yo a tu cuello. Qué suerte la mía todas las botellas de agua que dejé aquellas noches en tu coche para que no te secaras, 
porque quería regarte, 
y cuidarte. 
Qué suerte la mía tenerte. Qué suerte la mía contemplarte con los ojos encendidos como el fuego, 
porque, hasta así, te veo. 

Hace seis meses eras esa persona que parecía querer enseñarme qué era el amor. Esa persona que ahora puedo decir que no solo me enseñó qué era, sino que también me lo demostró en su momento y me lo sigue demostrando todos los días. 

Eres esa persona que confía en mí como en nadie. Eres quien ha puesto mi mundo al revés, mi vida patas arriba. Eres la primera persona a la que he visto mirarme con brillo en los ojos al mismo tiempo que se le dilatan las pupilas. Porque nunca nadie me había mirado como me miras tú. Porque nunca nadie había creído tanto en mí. Y lo mejor de esto es que con tan solo una de tus miradas me lo estás diciendo todo. 

Qué suerte la mía haberme topado con alguien que no me toca solo con la piel, 
sino también con los ojos, y con su voz. 
Eres quien me completa y complementa a la vez. Eres la respuesta a todas mis preguntas. Eres una mezcla de locura, curiosidad, alegría, fuerza, motivación y constancia. Eres la persona por la que vería todas las películas de terror del mundo, solo por agarrarme a tu mano. Que por ti aprendería a componer canciones de rap, además de todo el karate que me quisieras enseñar. 

Porque te escribiré miles de cartas, y no diciendo adiós.
Y si lo digo, que sea porque el reencuentro va a ser mucho mejor. 

Que quiero morirme acariciando tu pelo mojado después de una ducha. Que quiero morirme (de amor) acariciando tu pelo engominado para después estropearlo en una de nuestras luchas. 
Que contigo quiero entretenerme en la cocina hasta que se nos vuelvan a quemar muchas más tostadas. Y es que no sé qué verías en esta boba que no quería que le acariciaras la espalda ni aunque fuera para dibujarle corazones con los dedos. 
Y yo díria que qué te vi... Pero es que yo en ti vi todo, y terminé dejándote que me la acariciaras dibujando todas las siluetas que te dieran la gana. 

Y es que me viste y te vi, 
me miraste y te miré, 
me encontraste y te encontré,
y seis meses más tarde, 
en vez de dejar las cosas a medio camino, 
en vez de darnos por vencidos, 
en vez de todos los errores que podíamos haber cometido, 
decidimos arriesgar. ¡Y menos mal! 

Porque pase lo que pase,
pese a quien le pese, 
todas las heridas que nos abramos entre nosotros
no las podrá curar ni el alcohol,
porque para eso está nuestra saliva, 
que, a mí al menos, me da vida. 

Vamos a seguir evolucionando y creciendo, 
queriéndonos y disfrutándonos mucho más,
tal y como hemos hecho estos meses de atrás. 

Vamos a hacerlo juntos 
y durante mucho tiempo más
O...
¿Por qué no?

PARA SIEMPRE





 

viernes, 12 de enero de 2018

Completar(me)

No puedo imaginarme una mejor forma de morir (de amor) que la de perderme en tus ojos y tirarme desde ellos. Aterrizar, sin vida, en tus hoyuelos, y que tus besos se encarguen de devolvérmela. Perderme y
encontrarme
encontrarte,
es —y erestodo lo que quiero. 

Y es que cuando alguien te cambia la vida, te cambia también a ti. (Te) cambia todo. Cambia la forma de tu sonrisa, y la de tu corazón, haciendo ambas siluetas
más grandes,
potentes
y eternas. 

Y es que nunca he creído que alguien pudiera arreglarme, más que nada porque no estaba rota. Y a pesar de ello, sin saber cómo, cuándo ni por qué,
tú lo has hecho.

Y es que nunca he creído que alguien pudiera completarme, más que nada porque estaba demasiado vacía.
Y tú lo has hecho.

Me has reparado las ganas de vivir, de disfrutar, de amar, y me has completado como completa esa última pieza de un puzzle de 1500; esa pieza que termina  
dándole sentido a todo.


Eres esas pestañas infinitas con la misma forma de mis labios haciéndolas más besables aún. Eres esos ojos que brillan más que cualquier estrella. Eres esos labios que no me cansaría nunca de mirar (con necesidad de rozarlos). Eres esas manos por las que moriría por agarrar segundo sí y segundo también. Eres esa voz que pone más pelos de punta que Freddie Mercury a capella. Eres esa canción por la que pagarían millones de abrazos por escuchar. Eres la poesía más bonita del mundo, sin haberse nunca escrito
ni en prosa
ni en verso...

sino en besos.