de aprender,
de reír.
Me quedo con tu «yo» más irritante,
pero también con el más cariñoso.
Me quedo con tu rapidez para perder los nervios,
pero también con tu tranquilidad por soltarme después de un abrazo.
Me quedo con tu paciencia,
pero también con tu impaciencia.
Me quedo con tu pasión por lo que haces,
pero también con tu curiosidad por lo que todavía no sabes.
Me quedo con tus nervios,
pero también con tu calma.
Me quedo con tu piel,
pero también, y más aún, por lo que hay debajo de ella.
Me quedo con tus pestañas infinitas repletas de sueños,
pero también con esos sueños que, en los días grises, consideras inalcanzables.
Me quedo con tu positivismo,
pero también con tu negatividad, para poder así enfrentarla. Juntos.
Me quedo con los días en los que pienses que todo es posible,
pero también con las veces en las que te des por vencido.
Me quedo con lo a salvo que me siento entre tus brazos,
y entre tus labios.
Me quedo con tu capacidad para conseguir todo lo que te propones,
y lo que no.
Me quedo con tus abrazos en mitad de un llanto,
y con tus besos en mitad de una sonrisa (o viceversa).
Me quedo con la facilidad que tienes para hacerme sentir más viva que nunca,
pero también con tu habilidad para hacerme morir (de amor).
Me quedo con las veces en las que pensaba que personas como tú no existían,
pero me quedo, aún más, con las veces en las que me has demostrado todo lo contrario.
Me quedo con tus susurros,
pero también con tus subidas de tono.
Me quedo con saber que me quieres,
y con saber lo bien que lo haces.
Me quedo con tu voz, cantando rap o recitando poesía, porque de cualquier forma me corta la respiración.
Me quedo con tu humildad, sinceridad y responsabilidad.
Me quedo con tu extraña manera de comer pizza,
y con tu obsesión por la variedad de salsas.
Me quedo con tus ideologías y principios.
Me quedo con tu sencillez y bondad.
Me quedo con tu fuerza,
y con la que me das a mí.
Me quedo con tu corazón,
y con su gran tamaño.
Me quedo con tus ojos, boca y manos.
Me quedo con todo tu cuerpo.
Me quedo con tus lágrimas y cicatrices.
Me quedo con los obstáculos que, a veces, tú mismo te pones,
y me quedo con ellos solo para ayudarte a superarlos.
Me quedo contigo cuando hablas mucho,
pero también cuando estás sin palabras.
Me quedo contigo cuando hacemos el amor,
pero también cuando lo único que hacemos son trabajos.
Me quedo con tu sensibilidad para decirme que todo irá bien,
pero también con tu falta de filtro de vez en cuando.
Me quedo con la conexión que tienen nuestras almas,
y con las chispas que provocan nuestras miradas.
Me quedo con las veces en las que me necesitas,
pero también con las veces en las que eres lo suficientemente independiente como para hacerlo.
Me quedo con todos los besos, abrazos, risas, discusiones y desacuerdos, canciones que me recuerdan a ti, tus conciertos en directo, batallas de gallos y concursos de Eurovision, recuerdos fotografiados en la memoria o vídeos, esperanza, confianza, compasión, empatía, distancia (física), fe en el otro, sonrisas de complicidad, compatibilidad, locuras, hilos rojos, monedas de catedrales,
Me quedo con todo eso,
y con todo lo que no he dicho, pero que ya sabes.
Me quedo con mi suerte al encontrarte,
y con lo afortunada que soy por tenerte.
Me quedo con todo lo que hacemos bien,
pero también con lo que hacemos mal e intentamos mejorar.
Me quedo con el amor de mi vida.
Me quedo con mi vida, que eres tú.
ME QUEDO CONTIGO.


