De esas veces en las que no existen las palabras exactas para describir el sentimiento exacto que sentimos en un momento determinado. De esas veces en las que se nos juntan tantas cosas en la mente, que nosotros mismos nos producimos un colapso de pensamientos apelotonados que acaban en lágrima o risa, por no llorar. De esas veces en las que nos damos cuenta de todos los errores que hemos cometido con el paso de los meses. Y lo peor, es que hay personas que no son capaces de perdonarlos. Ni siquiera uno mismo. De esas veces en las que sentimos dolor, pero no dolor físico, sino uno más fuerte aún. En las que nos duele hasta el alma por tener que vernos obligados a imaginar un mundo sin la persona a la que queremos. Veces en las que dan ganas de tirar todo este mundo por la borda, dejar a un lado los prejuicios, el orgullo y hacer lo que en un momento concreto nos haga latir más rápido el corazón. De esas veces en las que nos bloqueamos por un simple comentario, y, los esfuerzos, expectativas, planes y emociones, se escapan por un solo y triste suspiro. Sí. Hoy es uno de esos días en los que te paras a pensar y te das cuenta de que el sentimiento puede llegar a ser tan grande para cegarnos incluso a nosotros mismos.