Esta es una de las instancias en las que creo que encontrarás lo que siento plasmado en estas líneas (además, sé que te hará ilusión que haya vuelto a escribir, por y para ti: feliz cumpleaños).
Podría decir que esto es simplemente una carta a mi madre, pero no estaría siendo demasiado sincera, ya que tú no eres solo eso. Eres mi madre, amiga, hermana, confidente y apoyo incondicional (y, aun así, me quedaría corta).
Diría que no te puedes imaginar cuánto te quiero, pero,
Eres la persona que me dio la vida, la que me ha acompañado toda la vida, desde el primero de mis días, y que me seguirá acompañando más allá de esta. Porque el desde siempre y para siempre se cumple contigo, mamá. Porque siempre has estado ahí, ayudándome a dar mis primeros pasos, enseñándome todo lo que sabes y animándome a saber más. Me has intentado guiar cuando más confundida estaba y me has apoyado cuando más lo necesitaba. Me has protegido de todos los peligros (sabidos y por saber) y has confiado en todas mis capacidades, ayudándome, además, a potenciar mis cualidades.
No quería darte las gracias por todo lo que has hecho por mí porque, seguramente, me dirías que ese es tu deber como madre. Aun así, te las daré.
Gracias por ser fuerte a pesar de que, a veces, te sientas vencida. Gracias, de nuevo, porque has sido fuerte aun viendo en tus ojos que, las batallas del día a día y de la vida, han intentado derrotarnos, pero nunca lo han conseguido. Porque ser hija tuya no es solo un privilegio; es puro orgullo. Porque tienes doctorados en enfermería (por curarme todas y cada una de las heridas), en cocina (porque nadie hace un puré de patata como el tuyo, jajaja), en sastrería, en madre, amiga, hermana, hija, esposa, cuñada, y porque eres titulada en amor. Porque lo tienes todo.
Gracias por la conexión tan especial, infinita y mágica que tenemos. Por confiar tanto en mí y por dejar que yo confíe en ti. Por alegrarte de mi felicidad (cuando la he tenido), llorar por mis tristezas, celebrar mis triunfos y enseñarme a aprender de las derrotas.
Gracias por haberme enseñado que la vida es un regalo (la mayoría de las veces). Por haberme enseñado que mi felicidad no depende de otros y que siempre tengo que ser yo misma. Por la locura (que solo a veces tienes), por las reseñas musicales, por el concierto de Bruce Springsteen al que algún día iremos, por las veces en las que escuchamos juntas música y por reírnos y disfrutar viendo a los integrantes de Queen vestidos de mujeres en I want to break free.
Ya sabes que no es lo mío escribirte "públicamente" lo que siento, porque creo que ya es algo demasiado obvio. Y es que muchas veces pienso que ya debes dar por sentado que te quiero y no me doy cuenta realmente de cuánto te gusta que te lo diga más a menudo (por aquí o por donde sea).
En definitiva, eres mi ejemplo a seguir y el mayor apoyo incondicional de mi vida. Por todo esto y más, gracias infinitas.
Te quiere mogollón,
Ángela
No hay comentarios:
Publicar un comentario