Intentaré no decir que la felicidad está a su lado, porque no sé si es cierto. Pero a su lado es lo más cerca que he estado de ella desde hace mucho, mucho tiempo. Saber que si quiero un beso, me lo va a dar antes de que se lo pida. Aunque también los pedimos. Y los damos. Y eso me encanta.
Saber que puedes confiar tanto en alguien que es posible que se te olvide la necesidad de ocultar tus complejos,
Él es poesía, y también un corazón lleno de carcajadas de las que nunca acaban (y que, además, se contagian). Es música. Y nunca había entendido qué significaba que alguien lo fuera. Nunca, hasta ahora. Hasta que me he dado cuenta de que él lo es. Y lo es porque, mientras habla, puedo sentir su respiración, más o menos acelerada. Y eso sí es música. Una que nunca te cansas de escuchar porque te revive, como debe ser. Y me encanta.
No sabía lo que era volver a despedirme mil veces de alguien solo para darle otros mil besos más de despedida. Uno detrás de otro, y seguir yéndome vacía. Sin él. Y echarlo de menos mientras me giro y lo veo irse, y alejarse. Imaginarme, una y otra vez, su sonrisa. Esa sonrisa que se copia en mi cara sin que me dé cuenta. Recordar sus ojos, su brillo, su color; su esencia. Y, quién sabe... Puede que esto acabe mañana. Puede que no haya ni empezado, o puede que ya haya acabado. Pero simplemente el hecho de conocer a alguien que deja tanta marca en ti es, sin duda,
Sí, que viva mucho, y muy feliz.
Porque eso también me encanta.
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| Pinky promise |

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