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... y como bien dijo Francisco Umbral: "Escribir es la manera más profunda de leer la vida"...

jueves, 7 de febrero de 2019

El primero y el último

Me encontraste rota. Muy muy rota. Y me supiste arreglar, a tu manera —y a la que sabías que era la mía—. Buscaste todos los pedacitos que perdí en todas aquellas noches en las que no podía dormir, y fuiste capaz de montar el rompecabezas que siempre he sido: lo que nunca nadie ha conseguido antes. Solo tú: el primero de todos (y el último).

Me quitaste los complejos a besos y dejaste mis defectos para quererlos, día tras día. Y después de todo este tiempo, no se te ha pasado ni un solo día sin hacerlo.

Estamos hechos el uno para el otro. Y lo he sabido desde el primer día en que te miré a los ojos y vi lo que no había visto nunca en nadie: ganas de amarme. Y yo, con ganas de que lo hicieras, decidí lanzarme a una aventura que sabía que solo terminaría cuando la vida me hiciera cenizas, y ni aún así.

Eres lo mejor que he acariciado nunca. Y escribo esto tragando más saliva que cuando me susurras cualquier palabra cursi al oído, y (¡cómo no!) más nerviosa que cuando me acaricias cuidadosamente la espalda.

Todos los días me armo (y, gracias a ti, me amo) cada día más y lucho porque esto no se acabe nunca. Y sí, nunca es una palabra muy fuerte. Y aún así estoy segura de que quiero usarla contigo. Igual que tacho de mentirosos a aquellos que dicen que nada dura para siempre, porque sé que lo nuestro sí lo hará. Lo sé. Puedo sentirlo. En mi corazón, y en el tuyo también. Y eso es más bonito todavía.

Has hecho que tus problemas sean los míos también, y viceversa. Has hecho que todo lo sepamos solucionar juntos. Has hecho que nuestra felicidad no dependa del otro, sino que sea el otro. Te has convertido en mi todo sin pedirlo, y haces que sienta que, para ti, yo soy también el tuyo.

En la vida podría haberme imaginado mi mayor sueño hecho realidad. Y no, no hablo solo de ti. Sino de ser feliz. Y, mi amor, tú lo has conseguido desde el mismísimo instante en el que dejaste que abriera mi alma contigo.

Hoy y ahora sé que, aunque quisiera, no podría dejar de amarte nunca. Y eso es lo más bonito de todo.

Te cuido, mi vida.