En el fondo, a todos nos gusta pensar que somos fuertes. Que vamos a poder con todo lo que se nos venga encima, que pudimos con lo de ayer y que podremos también con lo de mañana. Pero más en el fondo, sabemos que eso no es verdad. Porque ser fuerte no consiste en ponerse una armadura antirrobo ni en esconderse detrás de un disfraz. Ser fuerte consiste en asimilarlo. En asimilar el dolor y en digerirlo, y eso no se consigue de un día para otro, se consigue con el tiempo. Pero como por naturaleza solemos ser impacientes, y no nos gusta esperar, escogemos el camino corto. Escogemos el camino de disfrazarnos de algo que no somos y disimular. Sobre todo, disimular. Sí, a todos nos gusta disimular los golpes, sonreír delante del espejo y salir a la calle pisando fuerte para que nadie note que, en realidad, estamos rotos por dentro. Tan rotos que ocupamos nuestro tiempo con cualquier estupidez con tal de no pensar en ello, porque el simple hecho de pensarlo, hace que duela. Pero, a veces, bueno... a veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte y bajar la guardia. Está bien bajarla de vez en cuando. No queremos hacerlo porque eso supone tener un día triste, uno de esos viernes que saben a domingo, un día de esos que duelen, de recordar y echar de menos, a los que ya no están, y a los que están, pero lejos. Sin embargo, hay momentos que bajar la guardia es lo mejor que puedes hacer. Poner tu lista de reproducción favorita, tumbarte en la cama, y si hace falta, llorar. Llorar todo lo que haga falta. Eso no nos hace menos fuertes; eso es lo que nos hace humanos.
¡Bienvenidos!
... y como bien dijo Francisco Umbral: "Escribir es la manera más profunda de leer la vida"...
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Llorar nos hace humanos.
En el fondo, a todos nos gusta pensar que somos fuertes. Que vamos a poder con todo lo que se nos venga encima, que pudimos con lo de ayer y que podremos también con lo de mañana. Pero más en el fondo, sabemos que eso no es verdad. Porque ser fuerte no consiste en ponerse una armadura antirrobo ni en esconderse detrás de un disfraz. Ser fuerte consiste en asimilarlo. En asimilar el dolor y en digerirlo, y eso no se consigue de un día para otro, se consigue con el tiempo. Pero como por naturaleza solemos ser impacientes, y no nos gusta esperar, escogemos el camino corto. Escogemos el camino de disfrazarnos de algo que no somos y disimular. Sobre todo, disimular. Sí, a todos nos gusta disimular los golpes, sonreír delante del espejo y salir a la calle pisando fuerte para que nadie note que, en realidad, estamos rotos por dentro. Tan rotos que ocupamos nuestro tiempo con cualquier estupidez con tal de no pensar en ello, porque el simple hecho de pensarlo, hace que duela. Pero, a veces, bueno... a veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte y bajar la guardia. Está bien bajarla de vez en cuando. No queremos hacerlo porque eso supone tener un día triste, uno de esos viernes que saben a domingo, un día de esos que duelen, de recordar y echar de menos, a los que ya no están, y a los que están, pero lejos. Sin embargo, hay momentos que bajar la guardia es lo mejor que puedes hacer. Poner tu lista de reproducción favorita, tumbarte en la cama, y si hace falta, llorar. Llorar todo lo que haga falta. Eso no nos hace menos fuertes; eso es lo que nos hace humanos.
Sonríe por muy mal que estén las cosas.
Hoy me doy cuenta que las cosas siempre, siempre pasan por algo. Que un clavo saca a otro clavo, y que por más que lo pienso, no sé ni cómo ni porqué he estado llorando por una persona tanto tiempo. Darte cuenta de las cosas es bueno, y nunca es tarde para rectificar. Mejor tarde que nunca, ¿no? Hoy me ha dado por reflexionar y he aprendido a pensar las cosas antes de hacerlas, porque luego vienen las consecuencias, aunque sí, muchas veces es mejor hacerlas sin pensar en lo que vaya a suceder después. Al fin y al cabo, somos seres humanos con capacidad para tropezar mil veces con la misma piedra, como hago yo últimamente. Pero que, por suerte, yo soy una de esas personas que a pesar de todo, consiguen levantarse, y eso, es lo que debéis hacer vosotros. Que por muy mal que esté todo, sacar una sonrisa es lo mejor que puedes hacer, por ti y por los de tu alrededor. No te digo que la finjas, no, porque para fingir no estamos. Digo que sonrías, con sonrisas verdaderas, por muy mal que estés. Sí es verdad que la vida no viene con un manual de instrucciones, pero también es verdad que sí viene con lecciones y nadie nace sabiéndolas. Con el tiempo, poco a poco, las vamos descubriendo de la forma que queramos aunque no elijamos. Las podemos descubrir sufriendo, llorando o sonriendo y pasar de todos los males. Así, te darás cuenta de cómo es en realidad la vida, te darás cuenta de lo que realmente merece la pena, como los amigos de verdad, la gente en quién confiar. Y eso, es bueno. Es muy bueno saber lo que está bien, y lo que está mal. Porque, quién sabe, a lo mejor cada uno no tiene lo que se merece, pero siempre dicen que el tiempo deja a cada uno en su lugar, y espero que sea así.
La vida en la realidad.
Que del amor al odio hay un paso, sí, pero también del odio al amor hay un sólo paso. Que no todo es como en las películas en las que, al final, el chico se queda con la chica tímida, fea, rara... Sino con la guapa, sexy. Las películas nos meten historias que nunca podrán pasar a ser realidad, que siempre pensamos, yo la primera, en un amor de película. Pero, ¿para qué querer un amor de película? Son los que menos duran. Como mucho 2 horas. Que nuestro príncipe azul nunca llegará, así que, chicos y chicas, empezad a buscar al verde, al amarillo o al rojo, aunque quizá nunca lo encontremos, porque no todo en la vida es perfecto. Porque la perfección apenas existe. Porque aunque muchas veces algo nos lo parezca, siempre hay algún pequeño defecto que lo estropea. Nadie es perfecto, aunque sí, puede ser perfectamente imperfecto, que eso ya es algo más creíble.
martes, 18 de diciembre de 2012
Lucha por tu felicidad.
¿Por qué vivir en una vida en la que solo hay sufrimiento y dolor? ¿Por qué no vivir en un sueño en el que somos más felices? En un sueño pasará lo que tú quieras, y no habrá dolor, ni espera para ese alma gemela. ¿Por qué no estar bajo un sueño en el que no nos despertemos jamás y todo sea felicidad? Porque lo feliz así porque así, es demasiado fácil. Es cierto que tienes que sufrir para obtener lo que te propones. ¿Porque no se puede cumplir algo que deseas con tantísima fuerza? ¿Por qué es tan difícil encontrar a una persona que te ame de verdad? ¿Por qué no conseguirlo y poder abrazarle? Y ¿por qué...? Si pudiera decir todos mis porqué, el porqué de si yo lo encontraré o no, no me hubiese hecho tantas preguntas. Y aunque algún día encuentre a ese alguien, este dolor seguirá durando toda una eternidad. Tal vez nuestros sueños no se cumplan. Tal vez solo interpretemos la realidad y eso que hemos anhelado por tanto tiempo, quizá, desaparezca convirtiéndose en cenizas. Sí, probablemente eso pase. Nada es imposible, ¿no? Pero, ¿por qué arruinarnos lo que nos queda de vida haciéndonos tantas preguntas a las que nadie sabe qué responder? ¿No creéis que es mejor intentar vivir nuestro propio sueño sin vivir realmente en él?
Abrazarte fuerte.
Podría permanecer despierta solo para oírte respirar, verte sonreír cuando estás durmiendo, cuando estás lejos soñando. Podría pasar mi vida en esta dulce perdición de estar entre tus labios, podría permanecer perdida en este momento para siempre, cada momento que paso contigo, aunque no sean muchos, son momentos que realmente adoro y añoro. No quiero parpadear cuando te tengo delante, por si acaso, al cerrar los ojos, desapareces y cuando los abra, ya no estás. No quiero quedarme dormida porque te echaría de menos, y no quiero ni siquiera perderme nada, porque incluso cuando sueño contigo, bueno, ni incluso el sueño más dulce me valdría. Todavía te echaría de menos y no quiero perderme nada, como ya he dicho. Tumbada a tu lado, sintiendo latir tu corazón es de la única manera en la que quiero estar ahora mismo. Me pregunto en qué sueñas, me gustaría saber si soy yo a la que estás viendo, entonces, te beso y doy gracias a Dios de que, por lo menos en tus sueños, estemos juntos. Solo quiero estar contigo en este preciso momento, para siempre. Para siempre jamás. No quiero perderme nada, no quiero perderme ninguna sonrisa tuya, no quiero perderme ningún beso. Quiero abrazarte fuerte, sentir tu corazón tan cerca del mío y solo estar aquí en este momento para el resto del tiempo. Aunque, a pesar de todo lo que quiero, debo saber que nada es para siempre.
Colegas hay muchas; pero, amigas, pocas.
De pequeñitas jugábamos a ser princesas, imitábamos a la barbie, nos pintábamos los labios de rosa y hacíamos coronas de papel. Fuimos creciendo, nos gustaba imitar a las mayores, creer que el mundo estaba a nuestros pies... Ahora que hemos crecido algo más, ahora que somos 'mayores', quisiera decirte que lo que más me gusta de todo esto es seguir a tu lado. Que yo cuento contigo y tú, conmigo. Y así fuimos creciendo, las dos juntas, inseparables, un lazo irrompible, lo más bonito que le podría pasar a alguien, a alguien como tú o como yo. Divertidos eran los momentos que vivíamos antes, inolvidables los de ahora, y los del futuro, quién sabrá... Era feliz si estabas, no podía dar un paso sin ti. O caminabas conmigo, o yo no caminaba. Eso es lo que tiene una amistad como la nuestra, transparente, sin intereses, me atrevería a decir que esta amistad ha sido única, increíble, sin final a la vista. Diría que esto, quizá, sea para siempre, que tal vez no tenga final, pero no me quiero engañar, todo se acaba, es inevitable. No es lo que quiero yo, ni lo que quieres tú, es la vida, que igual que nos trae las cosas, se las lleva. Así que vamos a aprovechar lo que nos queda, cada momento, cada detalle, todo. Vamos a saltar, a reír. Rompamos las normas, que para eso están, tropecémonos, caigámonos y luego levantémonos, pasemos de todo, pero eso sí, las dos; JUNTAS.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Que un clavo quita a otro clavo.
Creéis que habéis perdido todo. Absolutamente todo. Creéis que lo único que os queda es llorar, sufrir, imaginarlo a vuestro lado, de la mano, en el cine. Creéis que se os cae el mundo encima, que no os queda camino por el que correr, que el sol, la luna y las estrellas se estrellarán contra ti, pero no, no es así. Lo único que tienes y que debes hacer es dejar de correr. Intenta frenar. Párate. Y quédate mirándote en el espejo, sin razón alguna, y pensar. Pensar sobre qué os está pasando, quiénes sois y adónde vais. Debéis pensar que lo que os está pasando es tan solo un maldito obstáculo, una piedrecita en vuestro camino que poco a poco se irá acumulando con otras más que vendrán después. Creeros de una vez que sois princesas o príncipes y que ya os llegará alguien a quien poner el zapato de cristal o alguien que te lo pondrá a ti. No os dejéis llevar por las desilusiones, por las falsas esperanzas, y mucho menos por el dolor, porque esas tres cosas solo os llevarán a un sitio al que no querréis llegar. Os veis en tinieblas, pero no todo es así. Imaginaos en un prado verde, lleno de flores, donde todo el mundo está feliz. Así es como debéis estar. Felices. Sonrientes y si un caso llorando, pero de la risa. ¿Porque sabéis un secreto? Cuando peor estás, cuando más derrumbados estáis, aparece alguien que por mucho que tú no quieras, te hace frenar. Te hace ver que ni el sol, ni la luna ni las estrellas están contra ti. Ese alguien te hará feliz y te hará ver que las cosas no eran tan malas como tú las veías. Que un clavo quita a otro clavo y eso, será ley de por vida.
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