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... y como bien dijo Francisco Umbral: "Escribir es la manera más profunda de leer la vida"...

viernes, 26 de septiembre de 2014

De sonrisas en tus labios o de tus labios con sonrisas.

  Y creo haberte dicho que no quería que te fueras. No de esa forma. No dejándome en una inmensa tristeza que, poco a poco, se iba haciendo más y más grande. No quería que te fueras, no por miedo a que me dejaras como me has dejado (que también). No quería que te fueras y me dejaras hecha pedazos. Pedazos que algún día, quizá, te toque a ti recoger del suelo que dejé manchado de recuerdos. Recuerdos, lágrimas y sonrisas rotas. Muy rotas. Tan rotas como yo (o más).

  Pero no es hora de lamentarme yo ni de hacer que seas tú quien se lamente. Simplemente no quería que te fueras. No quería que me dejaras con las ganas de sonrisas en tus labios. Ni de tus labios con sonrisas. Porque adoraba los hoyuelos que, conforme iba pasando el tiempo sin apartarnos la mirada, se pronunciaban más y más. Y sí. Me dejaste con esas ganas. Pero no solo con esas. También con las de perdernos por Madrid, Roma o en los ojos del otro. Aunque, sinceramente, no me importaba donde nos perdiésemos, con la condición de hacerlo juntos, claro. Pero me dejaste, aquí, perdida y sin ganas de perderme con ningún otro ni por ningún otro lado.

  "Sal de mi mente", te susurro (a distancia). Pero no hay más sal en ningún mar que en mis lágrimas ni más salidas que no sean las de emergencia de cualquier hospital, de esos que aparecen en todos mis sueños o pesadillas, donde aparezco sin alma, sin vida y sin ti (que es lo que más duele).





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