No digo que nadie quiera dejar de recordar, simplemente que hay cosas que es mejor dejar en el olvido, en el pasado. ¿No creéis?
Así, todas esas rayadas que en un pasado tuvimos, las dejaremos en sonrisas, las peleas con amigos, en nuevas amistades y tantas otras cosas malas que nos ocurrieron, comenzarían a ser recuerdos basados en momentos únicos e irremplazables, porque de ellos, aprendimos. Cuando somos pequeños, nuestra única preocupación es que no nos encontraran jugando al escondite o conseguir algo de chocolate o alguna golosina después de hacer algo bien; pero, ahora que somos, la mayoría, personas con, al menos, dos dedos de frente, nos damos cuenta de que la vida no es como nos la pintan en los cuentos. Aquí, no hay príncipes azules que nos digan que nos aman y que no nos mientan, o que sus 'para siempre' se cumplan. Aquí no hay princesas con coronas que sonrían siempre, las 24 horas del día durante los 365 días del año. Aquí, algunas se derrumban, aquí no hay ogros ni brujas, sino personas con orgullo o cosas mucho peores que hacen lo posible por destrozar la vida de los demás. Aquí no hay casas de chocolate, ni manzanas envenenadas, ni historias interminables. Aquí, hay camisetas de diferentes equipos de fútbol, casas de ladrillos y vidas cortas. En los cuentos, las parejas se conocen, se enamoran, se casan y... son felices y comen perdices. Pero en la vida real es más complicado: se conocen, se besan, se abrazan, se acarician, se dan la mano y finalmente acaban como ''amigos''.
Ya véis, este tipo de cosas es mejor no recordarlas, sino levantar la cabeza y seguir el camino. Porque la vida son dos días; uno para soñar, y otro para vivir de tus sueños, pero sin desperdiciar ninguno, no lo olvidéis.

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