¡Bienvenidos!
... y como bien dijo Francisco Umbral: "Escribir es la manera más profunda de leer la vida"...
domingo, 30 de diciembre de 2012
NADIE es perfecto.
Nos empeñamos en buscar al chico perfecto: cuerpo perfecto, ojos perfectos, sonrisa perfecta; sin saber que suelen ser los chicos más imperfectos que puedes encontrar. Desde pequeñas, hemos deseado vivir un amor de cuento de hadas, un amor de película. Hemos soñado que algún día llegaríamos a ser princesas perfectas. Nos han dado un punto de vista falso de la realidad. NADIE es perfecto. Nos han hecho pensar que eres mejor persona por ser más guapo, más alto o más delgado, que la belleza consiste en ser una chica de cuerpo 10. Pero no. La verdadera belleza se encuentra en el interior de cada persona. Una persona hermosa o perfecta, por así decirlo, es alguien amable, simpático, alguien a quién le guste verte feliz, que te aprecie tal y como eres por dentro y no por fuera. Para mí, mi chico perfecto sería alguien que me diera a entender todos sus 'te quiero' sin la necesidad de decírmelos. Que me los transmitiera con la mirada, con los gestos, con los besos, con las caricias, con los abrazos. Alguien que me volviera loca tan solo con pronunciar mi nombre. Alguien que estuviera dispuesto a seguirme allá a donde vaya, a dar todo por mí. Alguien en quién poder confiar. Alguien que me conociera más que cualquier otra persona, y que supiera escucharme. En resumidas cuentas, alguien que me quiera. ¿En serio no creéis que todo esto último es mucho mejor que encontrar a una persona guapa exteriormente? ¿Creéis que tan solo con encontrar el físico perfecto, esa persona, podrá haceros tan felices como las que son perfectas por lo que son y no por su apariencia física? Yo creo que no. Me parece que, a veces, ni nosotros mismos sabemos lo que queremos, pero creo que ya es hora de ir pensándolo bien, madurar y aceptar las cosas como son.
Que aunque no lo aparente, soy fuerte.
No siempre que estoy feliz, río. Ni cuando estoy triste, lloro. Porque puedo llorar de la risa, y reír de dolor. No suelo ver las cosas en blanco o en negro, sino que me fijo en la inmensa escala de grises que hay por medio de esos dos colores. Porque no me considero diferente, ni igual a los demás. Porque siento las cosas a mi manera. Cada sentimiento significa mucho más que 'algo' para mí. Porque me gusta pensar que existe alguien que está pensando en mí en este preciso momento. Soy de las que se entretienen mucho con el papel del regalo. Que va lentamente abriéndolo con cuidado de no romperlo. No soy de las que se desesperan por ver lo que hay dentro. Tampoco soy de las que pasan de los manuales de instrucciones, porque me gusta hacer todo como debe ser. Me equivoco tantas veces como decisiones tomo. Porque cuando quiero, quiero, y cuando no quiero, no quiero. Porque me gusta imaginar que lo que busco existe. Porque no me conformo con un simple 'yo', o un 'él', sino con un 'nosotros'. Que aunque no lo aparente, soy fuerte, y sé cuando plantarle cara a un problema y seguir adelante.
Demuéstrale que eres lo suficientemente fuerte.
En la vida he caído miles de veces y cada vez que me he ido levantando, me ha ido enseñando que siempre ahí que reírse de los errores que cometemos. Que tengo que aprender a verle el lado bueno a las cosas y recordar siempre que todo pasa por algo. Que cada cosa tiene su motivo y su explicación. Me ha enseñado a saber que por más que la vida me golpeé una y otra vez, tengo que luchar por lo que quiero, y por lo que sueño. También me enseñó a no vivir pensando en un futuro, sino a vivir día a día el presente. Porque el futuro es mejor no planearlo. Que la vida no es justa, de hecho, nunca lo ha sido y nunca lo será. Por eso, recuerda siempre estas palabras: Si la vida te lo hace pasar mal, demuéstrale que eres lo suficientemente fuerte como para seguir adelante con una gran sonrisa en la cara. Porque cada momento malo, tiene algo bueno, solo tienes que limitarte a buscarlo.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Esa persona que te hace tocar las nubes con la yema de los dedos.
¿El amor sin dolor?
Muy fácil. El amor si no sufre, no es amor. El amor es algo por lo que día a día derramas lágrimas. Es el que te demuestra que de verdad estás enamorada/o cuando ves a esa persona con otra. Cuando la tienes a tu lado, y deseas con todas tus fuerzas que lo esté, aunque fuese una milésima de segundos. El amor es algo mágico en el cual, todos recibimos una flecha de Cupido, por así decirlo, aunque hay veces en las que recibimos alguna que otra flecha mal lanzada. Pero, ¿sabéis? Eso también tiene su lado bueno, y es que gracias a esas malas flechas, vas aprendiendo, vas teniendo experiencias nuevas en tu vida, y sobre todo, vas aprendiendo de tus propios errores. ¿Qué haríamos nosotros sin el amor? NADA. No querríamos a nadie, ni a nuestra gente, ni a nuestra familia ni amigos... ni siquiera a esa persona que te hace tocar las nubes con la yema de los dedos.
Muy fácil. El amor si no sufre, no es amor. El amor es algo por lo que día a día derramas lágrimas. Es el que te demuestra que de verdad estás enamorada/o cuando ves a esa persona con otra. Cuando la tienes a tu lado, y deseas con todas tus fuerzas que lo esté, aunque fuese una milésima de segundos. El amor es algo mágico en el cual, todos recibimos una flecha de Cupido, por así decirlo, aunque hay veces en las que recibimos alguna que otra flecha mal lanzada. Pero, ¿sabéis? Eso también tiene su lado bueno, y es que gracias a esas malas flechas, vas aprendiendo, vas teniendo experiencias nuevas en tu vida, y sobre todo, vas aprendiendo de tus propios errores. ¿Qué haríamos nosotros sin el amor? NADA. No querríamos a nadie, ni a nuestra gente, ni a nuestra familia ni amigos... ni siquiera a esa persona que te hace tocar las nubes con la yema de los dedos.
Ella era adicta al amor.
Algunos la llamaron loca por su falta de sentido común, por enamorarse de los ojos más bonitos aunque ella tenía una venda en los suyos, por besar a ese alguien "especial" creyendo que era su príncipe azul y le salió rana, por levantar bandera blanca en mitad de una guerra, por aferrarse a sus ideales aunque tuviesen fecha de caducidad, por querer vivir al límite muriendo de limitación, por querer sin querer, por querer olvidarte sin acordarse siquiera de como se olvida, de intentar lo que a nadie se le ocurre intentar, de morder el aire, de inventarse un color para el viento, por agarrarse de la mano equivocada, por caer y no querer levantarse, por respirar sin querer hacerlo, por apagar la llama, por negar besos, por evitar los abrazos, por repeler las caricias, por odiar el amor. No era una chica fría. No quería odiar el amor, en realidad, ella era adicta. El amor era su droga. Necesitaba su dosis diaria. Pero se desenganchó porque nadie le proporcionaba aquel sentimiento que ella tanto ansiaba. Amor. Una palabra, solo una. Una palabra fácil de sentir y difícil de explicar. Quería esa palabra sobre cualquier otra cosa, pero amor de verdad. Amor verdadero. Supongo que pensáis que esa chica está loca. Pero, ¿sabéis? En la locura, siempre hay algo de cordura. Sí, esa chica soy yo.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Llorar nos hace humanos.
En el fondo, a todos nos gusta pensar que somos fuertes. Que vamos a poder con todo lo que se nos venga encima, que pudimos con lo de ayer y que podremos también con lo de mañana. Pero más en el fondo, sabemos que eso no es verdad. Porque ser fuerte no consiste en ponerse una armadura antirrobo ni en esconderse detrás de un disfraz. Ser fuerte consiste en asimilarlo. En asimilar el dolor y en digerirlo, y eso no se consigue de un día para otro, se consigue con el tiempo. Pero como por naturaleza solemos ser impacientes, y no nos gusta esperar, escogemos el camino corto. Escogemos el camino de disfrazarnos de algo que no somos y disimular. Sobre todo, disimular. Sí, a todos nos gusta disimular los golpes, sonreír delante del espejo y salir a la calle pisando fuerte para que nadie note que, en realidad, estamos rotos por dentro. Tan rotos que ocupamos nuestro tiempo con cualquier estupidez con tal de no pensar en ello, porque el simple hecho de pensarlo, hace que duela. Pero, a veces, bueno... a veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte y bajar la guardia. Está bien bajarla de vez en cuando. No queremos hacerlo porque eso supone tener un día triste, uno de esos viernes que saben a domingo, un día de esos que duelen, de recordar y echar de menos, a los que ya no están, y a los que están, pero lejos. Sin embargo, hay momentos que bajar la guardia es lo mejor que puedes hacer. Poner tu lista de reproducción favorita, tumbarte en la cama, y si hace falta, llorar. Llorar todo lo que haga falta. Eso no nos hace menos fuertes; eso es lo que nos hace humanos.
Sonríe por muy mal que estén las cosas.
Hoy me doy cuenta que las cosas siempre, siempre pasan por algo. Que un clavo saca a otro clavo, y que por más que lo pienso, no sé ni cómo ni porqué he estado llorando por una persona tanto tiempo. Darte cuenta de las cosas es bueno, y nunca es tarde para rectificar. Mejor tarde que nunca, ¿no? Hoy me ha dado por reflexionar y he aprendido a pensar las cosas antes de hacerlas, porque luego vienen las consecuencias, aunque sí, muchas veces es mejor hacerlas sin pensar en lo que vaya a suceder después. Al fin y al cabo, somos seres humanos con capacidad para tropezar mil veces con la misma piedra, como hago yo últimamente. Pero que, por suerte, yo soy una de esas personas que a pesar de todo, consiguen levantarse, y eso, es lo que debéis hacer vosotros. Que por muy mal que esté todo, sacar una sonrisa es lo mejor que puedes hacer, por ti y por los de tu alrededor. No te digo que la finjas, no, porque para fingir no estamos. Digo que sonrías, con sonrisas verdaderas, por muy mal que estés. Sí es verdad que la vida no viene con un manual de instrucciones, pero también es verdad que sí viene con lecciones y nadie nace sabiéndolas. Con el tiempo, poco a poco, las vamos descubriendo de la forma que queramos aunque no elijamos. Las podemos descubrir sufriendo, llorando o sonriendo y pasar de todos los males. Así, te darás cuenta de cómo es en realidad la vida, te darás cuenta de lo que realmente merece la pena, como los amigos de verdad, la gente en quién confiar. Y eso, es bueno. Es muy bueno saber lo que está bien, y lo que está mal. Porque, quién sabe, a lo mejor cada uno no tiene lo que se merece, pero siempre dicen que el tiempo deja a cada uno en su lugar, y espero que sea así.
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